La ciudad está revolucionada. En Saigón ahora todo son flores…

… y atascos.

La ciudad está revolucionada. En Saigón ahora todo son flores…

… y atascos.

Suena a soborno, pero es una felicitación de Año Nuevo.

Faltan unos días para que termine el año lunar y la ciudad está llena de luces y farolillos. Regalar a los niños sobres rojos con dinero es parte de la tradición de fin de año, que además dicta que hay que limpiar a fondo o renovar la casa, saldar todas las deudas y visitar una pagoda, entre otras cosas.
Vietnam prácticamente se paraliza durante el Tet y desde hace unos días se nota un descenso en la actividad del país. Al tratarse de una fiesta familiar todos los vietnamitas intentan volver a sus ciudades de origen. Este es un mal momento para moverse por el país: todos los medios de transporte están completos y los servicios se reducen al mínimo.
Aunque todos los vietnamitas parecen estar muy ilusionados con el Tet, los extranjeros aprovechan para viajar. Parece que en Saigón no habrá mucho que hacer, aparte de ver algún espectáculo de fuegos artificiales. Por eso yo me voy a empezar el año de la rata a otro sitio: China.
Expresión acuñada por los becarios de la generación 06-07 y que hace hace referencia a uno de los platos típicos de Vietnam, una sopa con noodles y carne que puede encontrar por toda la ciudad a un precio muy reducido. Se dice que uno está pasando por el “mes del pho”, cuando después de una temporada de excesos la situación de su cuenta bancaria no le permite comer mucho más.
Me van los deportes de riesgo, hoy fui a cortarme el pelo a una peluquería vietnamita. Aún no tengo muy claro si me gusta el peinado o si parezco el Príncipe de Beukelaer en versión rizos.
A veces se me olvida donde estoy. Paso el día en la oficina rodeada del resto de becarios españoles, al salir por la tarde me acerco a tomar algo al Pacharán y cuando voy por la calle el paisaje se me hace repetitivo. Lo que antes era nuevo se transforma en rutina y parece que ya nada pudiera sorprenderme.
Entonces algo me despierta y me hace volver a la realidad. Al llegar a casa me acerco a la tienda de mi edificio y las dos niñas que me atienden se empiezan a reir cuando digo algunas palabras en vietnamita e intento que me entiendan con gestos. Para ellas soy una especie de extraterrestre que habla un idioma extraño, y es en ese momento cuando empiezo a recordar que estoy Vietnam.
Entro en mi piso contagiada por la risa de las niñas y una vez en el salón, hablo con una amiga por internet hasta que unas cuantas tareas pendientes me reclaman:
- Te dejo, tengo que preparar la maleta para ir mañana a Bangkok.
- ¿Queeeeé?
- ¿Qué de qué?
- Pues eso, que te vas a Bangkok.
- Sí, a pasar el fin de año.
- ¿En serio?
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Acabo de recuperar la memoria. Empiezo un nuevo año en Asia, pero hasta ahora no me había acordado.