Después de dos meses viviendo aquí, parece que ya estoy preparada para la vida moderna en Saigón. Esta tarde pasé por el super para llenar la nevera y finalmente me acordé de comprar una máscara para la moto. Al poco de llegar a la ciudad uno ya está acostumbrado a la polución; pero de camino al trabajo con el motero siempre me acuerdo de todo el humo que estoy tragando. Cuando estás metido en el atasco de las 6 la tarde (la hora a la que todo el mundo sale de trabajar aquí) parece como si estuvieras respirando directamente de un tubo de escape de una de las motos apretujadas en las carretera.

Pero la contaminación no es el único motivo para llevar la máscara. En Vietnam las chicas están obsesionadas con evitar el sol a toda costa y la utilizan para que no ponerse morenas. No importa el calor que haga en Saigón, ellas van siempre con gorro, chaqueta de manga larga o guantes altos y unos calcetines horribles de color carne que llevan incluso con sandalias. Está claro que tenía que haber venido a Asia hace mucho tiempo, este es el único sitio en el que me dicen cuánto les gusta el color de mi piel



